Si tanto te jode engañarme, deja de hablarme, porque de tu boca no salen lo que digamos bulerías. Puede, quizás, quién sabe, a lo mejor me empalmaba... quiero decir, me empaquetaba por ti, pero eso no es más que lo que llamamos pasado. Bienvenida a mi mundo, aquí no hay cavidad para hipocresías, o nimiedades que mantengan mi mente inútilmente activa. Vete, vete y no vuelvas, forma una familia, vive el sueño americano, pero a mi ser ni lo pienses. Chorradas. No tengo nada que demostrar, ya no me preocupo por ti, me ocupo de deshacerte. Ya no eres nadie en mi mar, no existe ni una sola ola que lleve tu nombre. Nombramiento común, para persona común, perplejidad, complejidad nula para un santuario de putas. Ahógate en su sangre, asfíxiate en su líquido amniótico. Jódete hasta morir, te deseo una muerte torturada por las manos que te amaron, que te acariciaron y que ahora te destruyen desde lo más hondo. Desde las profundidades de mi corazón te quiero, como a nada, pero no soportaría ver tu cara, me resulta vomitivo saber que aún existes, que todavía merodeas por ahí, que sigues deambulando por las calles amarillas que te separaron de mis labios.
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