Perturbada la intimidad, rota a golpe de flautas, de banderas y gorras, de bandadas de corderos siguiendo la luz. Puertas abiertas al sol de un abril más nublado de papeles emborronados, de intentos de protocolo, de ojos que miran extrañados por pasos de procesión. No acababan de ver ni de entender. No saben que han de reaccionar cerrando las puertas de sus ojos más despoblados. Y qué alivio ver unas pupilas de vez en cuando. Qué descanso conocer y reconocer unos rasgos. Si exiges ver mi reflejo, si buscas una imagen, haz el esfuerzo por mantenerla en tu retina, que no hay mejor descripción que las de dentro. Y revuelve, revuelve, revuelve. Revuelve.
Abandonen el barco que nos caemos por la borda. Tírate desde la boca del volcán, déjate caer antes de que la realidad no traspase la línea de un -bonito- recuerdo. Si te vas a encerrar en la zona ya caducada, avísame con tiempo, yo no firmo.
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