Fue al sacarlo de su cuarto cuando el jardinero de aquella majestuosa y multimillonaria familia pensó para sí que cinco mil euros serían poco para el rescate; serían doce mil. El afiliado a ETA sujeta al niño en brazos mientras huye por la puerta trasera. El hombre de unos treinta y dos años aproximadamente resultaba el líder de un subgrupo perteneciente a la banda terrorista de Euskadi, el cual se hacía pasar por jardinero para no levantar ningún tipo de sospecha. Había sido juzgado antes por un robo a mano armada en una joyería de Donosti; no obstante, el hurto se realizó con el rostro tapado y éste se declaró inocente, saliendo así absuelto. Desde entonces tuvo que crear una vida aparentemente normal, de común jardinero.
Una vez fuera de la mansión, acostó al crío en un colchón que el jardinero tenía dentro de su furgoneta, donde dormía cada noche y en el cual consumaba el romance con la dueña de la casa desde hacía unos años. Tras media hora de viaje, José, el protagonista, aparca dentro de un pequeño almacén donde la banda solía reunirse. Para hacer más real el secuestro, antes de atarlo suavemente a la silla, le quitó la camiseta con la idea de enviársela a los padres. Fue entonces cuando comprobó que el muchacho tenía un tercer pezón en el costado izquierdo, al igual que él. Los ojos se le abrieron como platos y su reacción fue contar hacia atrás los años que llevaba acostándose con Marisa. Efectivamente, cabía la posibilidad de que el hijo fuera suyo. Por un momento se le quitó de la cabeza el secuestro express. Con el agobio y la presión que le reconcomió de súbito, sumado al nerviosismo y la locura, cogió el revólver y ¡PUM!
le perforó la cabeza.
Ha sido una mañana inolvidable, como todas las que transcurren en un parque con la persona a la que amas. Nos encontrábamos en el parque del retiro cuando divisamos a un matrimonio de avanzada edad corriendo de un lado para otro, él detrás de ella. Entre descanso y descanso él le reprochaba violentamente, montando un espectáculo que debería no ser público. Al grito de ‘¡Engañándome con otro hombre!’ comprendí que se trataba de una situación de traición. Fue entonces cuando decidimos no entrometernos a no ser que alguno comenzase a ser violento.
Por casualidad o destino, pocos minutos después de pensar en no meternos, el hombre empieza a dar pequeños empujones a la mujer. Desde lejos el anciano semejaba realmente enfadado, sus gestos eran bruscos y secos. María sin dudarlo un momento se levantó de un bote y corrió hacia el hombre gritando que se detuviese. A un metro y medio del hombre, antes de abalanzarse sobre él, una paloma inocente aunque oportuna, se posó en el árbol que se encontraba justo encima del matrimonio, desperdigando sus heces blancas y blandas sobre la calvicie de él. Ambas mujeres echaron a reír. Las carcajadas eran tan fuertes que el anciano, más rabioso que avergonzado, se dio media vuelta y con los puños apretados huyó con marcha ligera.
El vegetarianismo de mi madre estaba rozando los límites insospechados de mi paciencia.
Cansada de alimentarme a base de vegetales insípidos como canónigos sin aliñar, decidí pararle los pies. La senté y le hice todo tipo de preguntas para intentar comprender por qué sus ideales se los inculcaba a sus hijos sin ni siquiera comentar o preguntar.
Tras horas de monólogo, unas veces más ofuscado que otras, comprendí que… mi madre estaba trastornada. No me sirvieron sus comentarios y argumentos idealistas, porque mi madre siempre fue un poco hippie. Me quedé con la idea de su recuerdo, el recuerdo de su niñez, en el cual año tras año se repetía su mayor pesadilla: la matanza del cerdo. En el pueblo veía y escuchaba cómo torturaban al cochino hasta que se desangraba. Fue entonces cuando caí en la cuenta de que la gente es como es tan sólo por su pasado. Los ideales son más fuertes con la experiencia, haciéndote más fuerte; y si mi madre nos hace comer ensaladas sosas e insípidas porque no quiere colaborar con la sobrealimentación carnívora, me parece perfecto. ¡Aunque una buena merluza a la gallega nunca es mal recibida…!
No hay comentarios:
Publicar un comentario