jueves, 17 de febrero de 2011

prejuicios

Yo no soy quién para hablar mal de nadie, pero Osvaldo era un irrespetuoso, un tremendo hijo de puta, un ignorante mentiroso, un afable malcriado, un jodido hinchapelotas, un estúpido, un tarado, un sorete mal cagado, drogadicto y maricón.
Osvaldo era un inoportuno, tan feo como la mierda, medio gil, medio boludo, inconstante, insolente, un corrupto malicioso, una bosta indecente, un creído fastidioso, un deficiente mental.
Osvaldo era un vago perezoso, un injerto intolerable, un abusador y flojo, imperfecto en todos lados, injerto tan desagradable, insoportable tacaño, es un ser imperdonable, altanero, estafador.
Menos mal que no lo conocí, agradezco nunca haberlo visto, ni haberme cruzado con él, ni haber oído hablar de él y de su forma de ser.
Yo sólo sé que Osvaldo era un arrogante sucio, un inmoral incurable, un rencoroso indeseable, para nada razonable, un inexpresivo infame, irresponsable, indignante, indisciplinado inepto un discreto incumplidor.
¿Y qué pasa si somos así, y capaz que no nos damos cuenta? No permitas que hablen mal de mí;aunque todos diferentes sean, sangramos igual.

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