el amor, para mí, se separa en tres cosas que suelen confundirse con 'amar' :
estar enamorado.
querer.
necesitar.
De 'necesitar' hablamos de la imprescindibilidad de algo (como el oxígeno). Y yo, personalmente, dudo que pueda necesitar a alguien. Y, sin embargo, también sé que miento cuando así lo creo. Siento que cuando "te necesito" es que dependo de ti para sobrevivir, te obligo implícitamente a hacerte cargo de mi afecto y por ello desaparezco como persona.
'Querer', en cambio, sabe que no existe tal necesidad. Pero 'querer' viene del larín 'quarere' y significa 'tratar de obtener'.
'Querer' es el deseo, el apetito. 'Querer' es 'querer para mí'.
Si 'te quiero' estoy implicando en una suerte de pertenencia, en una petición de permanecer, de darme, de valorarme.
Si te quiero, te recorto las alas y te dejo a mi lado para siempre; si te amo, disfruto viéndote crecer las alas y disfrutando viéndote volar.
'Estar enamorado' no tiene nada que ver con todo lo anterior, porque, para mí, no es un sentimiento, sino una pasión. Se trata de un intenso afecto al que se llega rápidamente, y que, también rápidamente, desaparece.
Si yo pudiera elegir cómo sentir a las personas de mi alrededor, elegiría enamorarme con toda la intensidad de la que soy capaz.
Elegiría que, mientras esa pasión disminuye, debajo creciera el sentimiento.
Elegiría que ni yo ni el otro nos asustáramos de la desaparición de la pasión y supiésemos enfrentarnos cn el cambio de intensidad por profundidad.
Elegiría que ese sentimiento fuera amor y no sólo querer.
Y, finalmente, elegiría que se diera la posibilidad de reenamorarme, de vez en cuando, de la persona que amo.
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